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¡Decidido!, no voy a dejarme llevar otra vez por el impulso. Y es que, cada vez que veo un producto ligeramente fuera de lo corriente y con una buena presentación, pierdo el culo para comprarlo. Pero una de mis últimas adquisiciones, me ha llevado a declararme en rebeldía y a analizar lo estúpido que es muchas veces todo lo que rodea al mundo gourmet. Un mercado que hasta no hace mucho era limitado y honesto, se ha metido a cuña en nuestro día a día, haciendo que cualquier producto se pueda declarar delicatessen, para que nosotros nos creamos que somos el paradigma del buen paladar. 
Y es que no tienen más que ponernos una etiqueta o cartel con la palabra “gourmet” y vamos como moscas a la mierda. Algunas veces, son productos de calidad que realmente merece la pena probar y reiterar. Otras muchas, no es más que la erección del dedo corazón de un empresario sin escrúpulos, que ha descubierto cuan cretinos somos los que vamos de enterados del tema y sobre todo, como nos gusta dejarnos la pasta tontamente. A este cabreo he llegado después de comprarme la trigésimo novena sal de mi colección. Si lo sé, este es otro tema que hará que acabe en el diván de un psiquiatra, para analizar el síndrome de Diógenes al que he llegado en mi cocina. 
Flor de sal con wasabi es la madre de este cordero. Fue verla (en la zona gourmet de Alcampo, hipermercado selecto y exclusivo donde los haya) y quede fascinada por su color verde. ¡Oh! ¡Una sal de mi color favorito! ¿Qué puede haber más ideal en esta vida que una sal de color verde rana? Pues nada, me la llevo a casa y hago la cata. Sí, yo que sé que una sal, es básicamente sal, pero esperas que, si la acompaña otro ingrediente, este haga de alguna manera acto de presencia. Se trata de un producto de tacto húmedo que sala como lo haría cualquier sal vulgar y que esta a años luz de tener cualquier toque del picante wasabi. Mirando los ingredientes nos dicen que el wasabi es sólo un 8% del producto (y algo menos también, opino yo) y el tercer ingrediente es clorofila, que es lo que le confiere ese atractivo color verde. El gran debate, ¿ética o estética? Según el fabricante, la sal está: “Especialmente deliciosa con platos inspirados en la cocina japonesa, como la sopa de fideos, pescado o ensaladas”. Impresionante consejo.
A partir de ahora reflexionaré más a la hora de comprar cualquier producto sofisticado y/o exclusivo. Va a ser una lucha difícil, pero si veo que no lo consigo, tendré que pedir a seguridad de las tiendas gourmet, que me prohíban el paso, tal y como hacen los ludópatas en los casinos. Flor de sal con wasabi de Toque Especial
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